3 de febrero de 2019

El poder de la Dulzura

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Mis queridas semillas,
 
Hoy estamos en el universo, como sois estrellas, podréis seguir esta historia que siempre comparto con vosotros, o leyenda, mensaje, desde el universo.
 
En el universo, el astro rey es el sol, poderoso. Por su calor y sus rayos. Pero también en el universo existe el aire, que aún es más poderoso, ya que cuando se pone a soplar, ¡Levanta barcos, tira torres, destruye montañas! Es invencible. Y un día, el sol le dijo al aire (o el aire al sol); ¡Soy el más potente! El otro le contestó; ¡No! ¡Yo soy más fuerte! Pero cuando es así, nos parecemos igual a las personas. Hay personas que se consideran superior a todas. Yo personalmente podría deciros nombres y uuuno en muy especial. Me callaré, la prudencia es callarse.
 
Le dijo el viento: ¡Yo soy más poderoso que tú, sol! Y si quieres, vamos a ponerlo a la prueba. Y el sol dijo: ¡De acuerdo! A ver quien es más fuerte, pero te aseguro que soy más fuerte yo, que tú. Dice, bueno, probamos. ¿Con qué lo vamos a probar? Dice mira, miremos al planeta tierra, y va a ser, con un humano. Dijo el viento: Voy a empezar yo, voy a soplar tan fuerte, que verás cómo lo voy a arrastrar del suelo, se quitará el abrigo, se quitará los zapatos, se quitará todo. Y lo dejaré desnudo, y encima tendrá que agarrarse a un árbol o a una casa porque lo levantaré y lo arrastraré.
 
Bueno, empezó la carrera. El viento empezó a soplar, a soplar y el hombre apenas tenía fuerza para sostenerse sus pies en el suelo. Y después empezó a soplar más fuerte, más fuerte y el pobre hombre, su abrigo, su gabardina, su jersey, todo. Empezó a abrocharlo con los botones, con un cinturón, a taparse fuerte, fuerte, fuerte. A agarrarse a él mismo. Y no pudo quitarle el abrigo ni los zapatos. Nada de lo que él llevaba. Solamente lo levantó del suelo unos metros, lo lanzó más lejos, pero el hombre seguía agarrado a sus ropas y a todo lo que pasaba alrededor. Iba cogiendo trozos de ramas de árboles. Todo lo que podía, lo abrazaba muy fuerte, pero no pudo quitarle, ni su abrigo, ni deshacerse su cinturón ni sus botones.
 
Bueno, el sol dijo, ahora me toca a mí. Empezó el sol a calentar, a ser más brillante, a dar más fuerza a sus rayos, a calentar, a subir la temperatura, y el hombre, que taaanto frío había pasado y que estaba tan cubierto y tapado, no comprendía el porqué empezó a sudar, a sudar, a sudar y dijo: ¡Voy a quitarme mi abrigo! ¡No puede ser! ¡Me estoy ahogando, voy a quitarme la chaqueta, me quito la camisa la camiseta! ¡Me voy a quitar el pantalón, los zapatos, los calcetines! Y voy a ver si hay algún lugar donde tenga agua para refrescarme. Y así fue como ganó el sol. Se consideró el más poderoso y ganó.
 
Mis queridas estrellas, sois como los astros, ¡Grandes! ¡Los más grandes! Vuestra alma, me refiero, pero vuestra persona es igual a esa competencia. Cuántas veces os habéis considerado más fuertes porque vuestro físico ha podido levantar un mueble, empujado un coche o levantar las pesas en el gimnasio. O simplemente oralmente, habéis tenido palabras acertadas y habéis creído que sois superior porque habéis sido un buen orador. O por ejemplo, porque sabéis decorar bien ya pensáis que habéis ganado el mundo. No. podéis ser un buen abogado y ser una triste persona, cobarde, falsa e hipócrita.
 
Eso es lo que tenemos que sacar de lección. Que se gana más con la dulzura, con la bondad y con la humildad que con la fuerza. Que es más agradable poder dirigirte a todos tus amigos a tus sembrables, con palabras agradables, con palabras dulces que abrirán su corazón, a dejarte llevar.
 
En Francia llaman la mostaza, en otros lugares dirán la ira, la rabia o el resentimiento. No te dejes llevar por el resentimiento, no te ayudará.

Pero si abres el corazón, se llenará de bondad, de dulzura y siempre la compasión.

Tengo dos ejemplos: Mi amada y querida Emmita de Cancún, ella tiene todas esas cualidades, lealtad, honor, obediencia, bondad, humildad, sencillez. Y es una diplomada, pero siempre se pone al nivel de aquellos que la necesitan con su dulzura, con su paciencia, pero tenaz. Al igual que doña Reina, como la llaman en Honduras o Reinita. Ella también es igual, una gran dama, con honor, lealtad, obediencia, humildad, generosidad. siempre dando más y más y más.
Son dos joyas de la corona de La Enseñanza. Hay muchas más, muchísimas, pero ellas, son tan lindas, que merece la pena nombrarlas.

Mis estrellas, brillar como el sol, cálidas como sus rayos, dulces como ese calor. Generosas y buenas y aplicar la paciencia, y dar grandeza a vuestra fé.

Apreciar solamente por la mañana cuando os levantáis esa brisa dulce y suave que es tan linda, tan agradable. Que te llega a lo más profundo lavándote la cara. Es una brisa que al mismo tiempo que acaricia, te va lavando la cara. Es preciosa, o a veces, por la tarde también. Hay otra brisa que viene del mar y refresca para darte esa belleza en la cara y en el corazón.
 
Con todo mi amor,
Vuestra Jardinera.

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